For once in my life, let me get what I want…

Me pregunto si Morrissey canta apelando a que hay algo en su vida, evidentemente no concedido por el destino, que lo podría llevar a la metamorfosis total de su ser. Quizás el amor verdadero, la búsqueda de la verdad o cualquier otro ideal provoque en nosotros ese sentimiento de no poder conseguir lo que queremos. Sin embargo, lo que llama mi atención es que Moz canta en un tiempo que no es futuro.

For once in my life puede traducirse como “por una vez en mi vida”; también como “por primera ocasión en mi existencia” o “por única vez…”. No obstante, la afirmación “for once” me remite también al tiempo del presente en infinitivo. Cada vez es cada “once”. La unicidad del instante en el cual el deseo se hace plausible y accesible se vuelve efímero y retorna, como un actor de teatro que aparece y desaparece una y otra vez de la escena, evocando una presencia fantasmagórica.

Hay un secreto oculto en la letra de “Please, Please, Please, Let Me Get What I Want”: el secreto del destino eterno que evoca a la ciencia jovial de Nietzsche. Al amor fati. Nos dice el letrista que “su suerte ha sido tal que ella podría convertir a un hombre en malvado” y su grito se expande a los cielos pidiendo clemencia en el deseo que quiere satisfacción. El señor, nos reafirma, sabrá que es la primera vez. Puesto que esa fatalidad del deseo es siempre un suspiro, un ahí y un ahora que acaece permanentemente en la vida del humano. El señor sabrá que es la primera vez que finalmente el deseo del frágil y olvidado hombre particular concrete la energía en un estado de la materia más sólida.

A lo que quiero llegar es que en esta canción la cuestión por la unión de la voluntad y el deseo se reflejan a través de la figura metafórica de la “obtención de algo por primera y única vez”, a pesar de que la paradoja del deseo es que, precisamente, al obtenerse, evanece y se ofusca en la liquidez de la experiencia, volviendo otra vez como sino, como cruz que se carga sin solución sin asunción positiva. Morrissey sabe que este deseo siempre es una “primera y única vez”, aunque esta sea una vivencia perenne.

Mañana

Cuando despunta el sol y se asoma por un momento breve en el este, las cosas se iluminan de otro modo, coexisten con la penumbra. Desprenden los objetos una sombra cansina, despojada de toda culpa. Las sombras de las cosas proyectan fantasmas. Y hay una paz desconsoladora. Porque las sombras de esa hora invocan las promesas rotas, las expectativas inconclusas y las ilusiones que, mutuamente sentidas, no alcanzaron a realizarse porque alguna de las partes ve la fantasmagoría que sólo a esta hora se mira en la realidad. La hora de las sombras azules es la hora del sigilo emocional, la esperanza de un día preñado y la avidez de decirlo todo, de tajo, para en la noche, cuando las sombras no existen más, uno pueda existir tranquilamente y sin fantasmas.