For once in my life, let me get what I want…

Me pregunto si Morrissey canta apelando a que hay algo en su vida, evidentemente no concedido por el destino, que lo podría llevar a la metamorfosis total de su ser. Quizás el amor verdadero, la búsqueda de la verdad o cualquier otro ideal provoque en nosotros ese sentimiento de no poder conseguir lo que queremos. Sin embargo, lo que llama mi atención es que Moz canta en un tiempo que no es futuro.

For once in my life puede traducirse como “por una vez en mi vida”; también como “por primera ocasión en mi existencia” o “por única vez…”. No obstante, la afirmación “for once” me remite también al tiempo del presente en infinitivo. Cada vez es cada “once”. La unicidad del instante en el cual el deseo se hace plausible y accesible se vuelve efímero y retorna, como un actor de teatro que aparece y desaparece una y otra vez de la escena, evocando una presencia fantasmagórica.

Hay un secreto oculto en la letra de “Please, Please, Please, Let Me Get What I Want”: el secreto del destino eterno que evoca a la ciencia jovial de Nietzsche. Al amor fati. Nos dice el letrista que “su suerte ha sido tal que ella podría convertir a un hombre en malvado” y su grito se expande a los cielos pidiendo clemencia en el deseo que quiere satisfacción. El señor, nos reafirma, sabrá que es la primera vez. Puesto que esa fatalidad del deseo es siempre un suspiro, un ahí y un ahora que acaece permanentemente en la vida del humano. El señor sabrá que es la primera vez que finalmente el deseo del frágil y olvidado hombre particular concrete la energía en un estado de la materia más sólida.

A lo que quiero llegar es que en esta canción la cuestión por la unión de la voluntad y el deseo se reflejan a través de la figura metafórica de la “obtención de algo por primera y única vez”, a pesar de que la paradoja del deseo es que, precisamente, al obtenerse, evanece y se ofusca en la liquidez de la experiencia, volviendo otra vez como sino, como cruz que se carga sin solución sin asunción positiva. Morrissey sabe que este deseo siempre es una “primera y única vez”, aunque esta sea una vivencia perenne.

Revivir el tiempo.

 

                                                                                                              

“Los relojes aniquilan al tiempo… el tiempo estará

muerto mientras esté haciendo  ‘click’ en los pequeños engranes;

 sólo cuando  se detiene el reloj,  el tiempo vuelve a la vida.” – William Faulkner.

 

EL problema del tiempo nos incumbe a todos los habitantes de este circo llamado mundo. No es que Faulkner pudiera detectar una curiosidad del tiempo que no haya sido observada por cualquiera de los mortales. Acaso sus bellas palabras nos hacen notar de manera clara que el tiempo es una cosa que no comprendemos, pero que está viva, ahí, en algún lugar. El problema del tiempo es uno de los mayores enigmas para la ciencia y la filosofía; los artistas y los artesanos; los burgueses y los proletarios. Y esto porque, de hecho, ya siempre, hemos vivido inmersos en el tiempo desde que tenemos conciencia.

Escuchamos que el invierno será más frío, que la Eurocopa se juega en el 2012, que tenemos que entrar a trabajar a las ocho de la mañana, que tenemos veinte años de edad, etcétera. Nos referimos al tiempo con tanta familiaridad que no necesitamos explicárnoslo. Extrañamente, confiamos en lo que nuestros ancestros, desde nuestros padres hasta nuestros tatarabuelos, nos legaron como tiempo. El tiempo, pensamos, es un útil más dentro de nuestra estancia en la tierra, y sirve para medir un movimiento, un intervalo o un ciclo.

Pero la pregunta aquí no es un ambiguo “¿Qué es el tiempo?” sino, más bien, ¿Qué significa el tiempo? ¿Cómo se vive el tiempo? ¿Cómo nos influye éste?, porque es cierto que, de algún modo, ese ente tan cercano y tan lejano, cambia nuestra percepción del mundo y también de la realidad que nos rodea. Donde quiera que el Sr. Cronos se encuentre, marca una pauta, una relación, un cambio de estado y una constancia en nuestra mera existencia.

Phil Zimbardo, profesor de la universidad de Stanford, tiene una posible respuesta a estas preguntas.[1] No sólo se atreve a decir que el tiempo es un fenómeno importantísimo para nuestra conciencia y nuestra psique sino que, realmente, el tiempo afecta en el cómo nos relacionamos con los demás en una geografía particular de nuestro planeta. Al realizar ciertos estudios para probar la relación que existe entre la manera de vivir y concebir el tiempo, en distintos puntos cardinales, y cómo estos influyen en nuestros patrones de comportamiento cotidiano, Zimbardo encontró que, según cómo hayamos aprendido a concebir al tiempo, así será de importante en nuestras vidas. Por ejemplo, en México, nuestro modo de vivir el tiempo, estadísticamente, es centrados en el presente. Lo que hagamos hoy, ahora, es lo que importa. Somos una sociedad narcisista en el sentido de que vivimos el tiempo de manera egoísta y queremos explotar el instante sin ver nuestra historia ni nuestro futuro. México, el país del “mañana”, donde la fiesta no muere, donde lo que importa es pasarla bien. En resumen, junto con el Dr. Robert Levine, Zimbardo afirma que el tiempo, además de una dimensión matemática, física o psicológica, es una dimensión cultural. Esto quiere decir que el tiempo posee un significado de peso en nuestro desempeño diario. O más bien, que el tiempo es sentido en el más estricto de los significado. Sentido de nuestra vida y de nuestras acciones. El tiempo mismo es poder. Poder social que funge como aquel magneto que nos fuerza a abrirnos camino en este planeta.

Entonces, reconociendo esta dimensión cultural del tiempo, podemos dejar como ejercicio algunas preguntas para la reflexión: ¿Cómo concibo yo el tiempo y cómo me impulsa a actuar? ¿Es cierto que los mexicanos (al menos la gran mayoría) vivimos de manera narcisista nuestro tiempo? ¿Cómo podemos revivir nuestro tiempo, hacer que los relojes paren, y resignificar nuestra existencia a partir de esta toma de conciencia?

Finalmente, el ciudadano común, en su más íntima experiencia, sabe que el tiempo apremia de alguna manera. Si no, entonces castiga.


[1] Conferencia en TED Talks: “The secret powers of time”. Recomiendo ampliamente la versión de RSA en: http://www.youtube.com/watch?v=A3oIiH7BLmg.

*Artículo para revista local, nunca publicado. Ahora ve la luz en El Relámpago.

Sobre la evolución de materia.

¿Alguna vez habías pensado que tu conciencia, tu vida y todo tu ser, es producto de un largo camino recorrido por toda la materia que te compone y que, un día, se amalgamo en un cuerpo que te pertenece y llamas yo?

Asumiendo que concedieras este supuesto, la vida humano no sería individual, como nos han dicho la mayoría de las veces, sino que siempre, necesariamente, estaríamos participando de una tensión entre esa historia concatenada y resuelta en un sujeto histórico, y el presente que siempre se abre como novedoso a esa configuración histórica precisa.

Es curioso, pues, pensar que todo lo que creemos que somos ya está dado en las condiciones que nos forman desde el principio de la evolución de la materia hasta la actual evolución de la conciencia-intencional. Si pudieramos presentar gráficamente la relación entre dicha conciencia, describiríamos una esfera cuyo centro es la conciencia y la periferia el horizonte de eventos cognoscibles. Además, dicha esfera no tendría límites de conectividad entre los puntos que ella contuviera, debido a que dichos puntos son parte también de lo que ocurre en el centro: la conciencia del mundo, en última instancia. Deberíamos también agregar una dimensión de movimiento donde la esfera siempre se encuentra en expansión; su horizonte siempre se amplía y se transforma; aunque algunos de los eventos cognoscibles caigan en el olvido, habrá otros nuevos que se manifiesten para completar el cuerpo geométrico.