Mañana

Cuando despunta el sol y se asoma por un momento breve en el este, las cosas se iluminan de otro modo, coexisten con la penumbra. Desprenden los objetos una sombra cansina, despojada de toda culpa. Las sombras de las cosas proyectan fantasmas. Y hay una paz desconsoladora. Porque las sombras de esa hora invocan las promesas rotas, las expectativas inconclusas y las ilusiones que, mutuamente sentidas, no alcanzaron a realizarse porque alguna de las partes ve la fantasmagoría que sólo a esta hora se mira en la realidad. La hora de las sombras azules es la hora del sigilo emocional, la esperanza de un día preñado y la avidez de decirlo todo, de tajo, para en la noche, cuando las sombras no existen más, uno pueda existir tranquilamente y sin fantasmas.