Until now.

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I’ve been in England for a while now. Five months have passed since I left my beloved Mexico. This trip has been invigorating, everything is born anew, the monochromatic days here cannot withstand the joyful beginning of this new life. I have moved on. Far away from prejudice and time. Far away from the ideology that once polluted my dreams; my spirit is now fulfilled. For a reader, this would be an optimistic manifesto, and in certain way it is. Thus, as Nietzsche said once, “everything that does not kill us, makes us stronger”. Now I am able to confirm this transcendental consideration for my own being. Everything is worthy. The very joy of being as one is, of becoming what one is, is simply stunning.

I thank England. It has strengthen my inner core. It has calmed my violent seas, my whirlwind spirits, “I have outlived the night”.

One thing from my past still remains: My dreams. My dreams have became more intriguing, dense, inspiring. Maybe the Aztec and Mayan blood inside won’t ever let me differentiate between my daily life and my dreamful life.

Monochrome filled with colours…

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Lux Manifesto.

Sometimes language, as a living-historical being, finds a way to express itself through a particular idiom or dialect. This time language presents you The Lux Manifesto.

We are a powerful generation of revolutionary aware people. We cannot find destruction as a meaning.

We find love welcoming. We are skeptical. We do not believe in any regime.

We are the people. We will stand together. We are not scared anymore. We will prevail.

We are not going to surrender.

We are alive.

If you call us you will find us.

Revivir el tiempo.

 

                                                                                                              

“Los relojes aniquilan al tiempo… el tiempo estará

muerto mientras esté haciendo  ‘click’ en los pequeños engranes;

 sólo cuando  se detiene el reloj,  el tiempo vuelve a la vida.” – William Faulkner.

 

EL problema del tiempo nos incumbe a todos los habitantes de este circo llamado mundo. No es que Faulkner pudiera detectar una curiosidad del tiempo que no haya sido observada por cualquiera de los mortales. Acaso sus bellas palabras nos hacen notar de manera clara que el tiempo es una cosa que no comprendemos, pero que está viva, ahí, en algún lugar. El problema del tiempo es uno de los mayores enigmas para la ciencia y la filosofía; los artistas y los artesanos; los burgueses y los proletarios. Y esto porque, de hecho, ya siempre, hemos vivido inmersos en el tiempo desde que tenemos conciencia.

Escuchamos que el invierno será más frío, que la Eurocopa se juega en el 2012, que tenemos que entrar a trabajar a las ocho de la mañana, que tenemos veinte años de edad, etcétera. Nos referimos al tiempo con tanta familiaridad que no necesitamos explicárnoslo. Extrañamente, confiamos en lo que nuestros ancestros, desde nuestros padres hasta nuestros tatarabuelos, nos legaron como tiempo. El tiempo, pensamos, es un útil más dentro de nuestra estancia en la tierra, y sirve para medir un movimiento, un intervalo o un ciclo.

Pero la pregunta aquí no es un ambiguo “¿Qué es el tiempo?” sino, más bien, ¿Qué significa el tiempo? ¿Cómo se vive el tiempo? ¿Cómo nos influye éste?, porque es cierto que, de algún modo, ese ente tan cercano y tan lejano, cambia nuestra percepción del mundo y también de la realidad que nos rodea. Donde quiera que el Sr. Cronos se encuentre, marca una pauta, una relación, un cambio de estado y una constancia en nuestra mera existencia.

Phil Zimbardo, profesor de la universidad de Stanford, tiene una posible respuesta a estas preguntas.[1] No sólo se atreve a decir que el tiempo es un fenómeno importantísimo para nuestra conciencia y nuestra psique sino que, realmente, el tiempo afecta en el cómo nos relacionamos con los demás en una geografía particular de nuestro planeta. Al realizar ciertos estudios para probar la relación que existe entre la manera de vivir y concebir el tiempo, en distintos puntos cardinales, y cómo estos influyen en nuestros patrones de comportamiento cotidiano, Zimbardo encontró que, según cómo hayamos aprendido a concebir al tiempo, así será de importante en nuestras vidas. Por ejemplo, en México, nuestro modo de vivir el tiempo, estadísticamente, es centrados en el presente. Lo que hagamos hoy, ahora, es lo que importa. Somos una sociedad narcisista en el sentido de que vivimos el tiempo de manera egoísta y queremos explotar el instante sin ver nuestra historia ni nuestro futuro. México, el país del “mañana”, donde la fiesta no muere, donde lo que importa es pasarla bien. En resumen, junto con el Dr. Robert Levine, Zimbardo afirma que el tiempo, además de una dimensión matemática, física o psicológica, es una dimensión cultural. Esto quiere decir que el tiempo posee un significado de peso en nuestro desempeño diario. O más bien, que el tiempo es sentido en el más estricto de los significado. Sentido de nuestra vida y de nuestras acciones. El tiempo mismo es poder. Poder social que funge como aquel magneto que nos fuerza a abrirnos camino en este planeta.

Entonces, reconociendo esta dimensión cultural del tiempo, podemos dejar como ejercicio algunas preguntas para la reflexión: ¿Cómo concibo yo el tiempo y cómo me impulsa a actuar? ¿Es cierto que los mexicanos (al menos la gran mayoría) vivimos de manera narcisista nuestro tiempo? ¿Cómo podemos revivir nuestro tiempo, hacer que los relojes paren, y resignificar nuestra existencia a partir de esta toma de conciencia?

Finalmente, el ciudadano común, en su más íntima experiencia, sabe que el tiempo apremia de alguna manera. Si no, entonces castiga.


[1] Conferencia en TED Talks: “The secret powers of time”. Recomiendo ampliamente la versión de RSA en: http://www.youtube.com/watch?v=A3oIiH7BLmg.

*Artículo para revista local, nunca publicado. Ahora ve la luz en El Relámpago.

Muy buen cuento. Gracias por la recomendación, Odiseo.

La Marmitácora

—Están hechos de carne.
—¿De carne?
—Carne. Están hechos de carne.
—¿De carne?
—No cabe la menor duda. Recogimos muestras de diferentes partes del planeta, los llevamos a bordo de nuestras naves de reconocimiento y les hicimos todas las pruebas posibles. Están totalmente hechos de carne.
—¡Eso es imposible! ¿Qué hay de las señales de radio? ¿De sus mensajes a las estrellas?
—Usan las ondas de radio para comunicarse, pero no son ellos quienes emiten las señales. Las emiten máquinas.
—Entonces, ¿quiénes hicieron las máquinas? Es a ellos a quienes tenemos que contactar.
Ellos hicieron las máquinas. Eso es lo que estoy tratando de decirte. La carne hizo las máquinas.
—Eso es ridículo. ¿Cómo es posible que la carne haga una máquina? Me estás pidiendo que crea en carne inteligente.
—No te lo estoy pidiendo, te lo estoy diciendo. Estas criaturas son la única especie inteligente en este sector…

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Sobre la evolución de materia.

¿Alguna vez habías pensado que tu conciencia, tu vida y todo tu ser, es producto de un largo camino recorrido por toda la materia que te compone y que, un día, se amalgamo en un cuerpo que te pertenece y llamas yo?

Asumiendo que concedieras este supuesto, la vida humano no sería individual, como nos han dicho la mayoría de las veces, sino que siempre, necesariamente, estaríamos participando de una tensión entre esa historia concatenada y resuelta en un sujeto histórico, y el presente que siempre se abre como novedoso a esa configuración histórica precisa.

Es curioso, pues, pensar que todo lo que creemos que somos ya está dado en las condiciones que nos forman desde el principio de la evolución de la materia hasta la actual evolución de la conciencia-intencional. Si pudieramos presentar gráficamente la relación entre dicha conciencia, describiríamos una esfera cuyo centro es la conciencia y la periferia el horizonte de eventos cognoscibles. Además, dicha esfera no tendría límites de conectividad entre los puntos que ella contuviera, debido a que dichos puntos son parte también de lo que ocurre en el centro: la conciencia del mundo, en última instancia. Deberíamos también agregar una dimensión de movimiento donde la esfera siempre se encuentra en expansión; su horizonte siempre se amplía y se transforma; aunque algunos de los eventos cognoscibles caigan en el olvido, habrá otros nuevos que se manifiesten para completar el cuerpo geométrico.

Assasins

“When the Christian crusaders in the Orient came across that invincible order of Assassins – that order of free spirits par excellence whose lowest order received, through some channel or other, a hint about that symbol and spell reserved for the uppermost echelons alone, as their secret: “nothing is true, everything is permitted”. Now that was freedom of the spirit, with that, belief in truth itself was renounced.”

On the Genealogy of Morals, by Friedrich Wilhelm Nietzsche, Walter Arnold Kaufmann. p. 150