Hay musas que escuchan tu nombre.

Copyright Charmaine Olivia
Copyright Charmaine Olivia

Cada estrofa una voz del rincón del noúmeno del mundo:

caras rotas, desvergonzadas, sombras, daños, perjurias,

salidas, entradas, dos caras juntas: Jano.

Dos antesalas al Hades, una: Heracles; otra: Ares.

Símbolos de tres bocas que cantan al unísono el himno de la tierra.

Ven, perfumada; ven, inconexa, ven, musa… Ven…

*

Los astros no son lo que parecen: son células de un rostro único.

Escondidos en un vacío perenne se posan. Engrandece y titilan,

danzan. Una voz dice: “como el que danza y es muchos mientras se resbala por la música”.

Olas calientes de un mágico fulgor desenfrenado. Flujo que pernocta y Sol que regurgita.

Nihil novum sub sole.

*

Sub Sole.

En silencio.

Un camino: una tierra. Una serie de vivaces voces.

Una serie de columnas de fuego.

Y una serie de mujeres que hablan desde el corazón más enterrado en el núcleo.

Mira hacia el cielo: ver es escuchar. Ve, entonces, mi música.

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Poema filosófico.

¿Qué azares del destino causan

que las aves sueñen infinitos?

Y que el mismo lenguaje, poseído

por un espíritu inconexo,

sea el espejo frente al espejo del Yo;

otro infinito.

Y las garzas, y las nieves,

los animales del campo, y las virtudes,

se despliegan como suspiros fríos, o muertos,

o malditos.

Y la mañana completa de verdad

surja como un prisma,

reluciente pedazo de nada:

proyecto, umbral y resquicio.