Poema filosófico.

¿Qué azares del destino causan

que las aves sueñen infinitos?

Y que el mismo lenguaje, poseído

por un espíritu inconexo,

sea el espejo frente al espejo del Yo;

otro infinito.

Y las garzas, y las nieves,

los animales del campo, y las virtudes,

se despliegan como suspiros fríos, o muertos,

o malditos.

Y la mañana completa de verdad

surja como un prisma,

reluciente pedazo de nada:

proyecto, umbral y resquicio.

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